La mayoría de los niños tienen miedo a la oscuridad, un temor que a veces puede dificultarles el sueño. Enseñarle desde pequeño estrategias para sobrellevarlo y, con el tiempo, superarlo, es vital para su aprendizaje y desarrollo.

El miedo a la oscuridad, también llamado Nictofobia, es a menudo una fuente de intranquilidad para los pequeños, con una sensación de peligro por lo que se puede esconder entre ella que les dificulta caer dormidos o provoca frecuentes viajes a la cama de sus padres o hermanos.

Como con la mayoría de miedos, lo mejor que puedes hacer es enseñar de forma constante y paciente mecanismos a tu hijo para que aprenda a gestionar esos temores y el poder que tienen sobre él. ¿Qué puedes hacer en el caso del miedo a la oscuridad? La clave está en la imaginación.

Con niños pequeños, de menos de 7 años, razonar sobre que ese peligro que se imagina no existe y que solo está en su cabeza no sirve de mucho. Son muy pequeños para entender que ese miedo surge de su mente y de que pueden controlarlo. Por eso, la llave en esos años está en el “pensamiento mágico” para ir enseñándoles a controlar sus miedos con herramientas que les valgan.

Por ejemplo, a algunos niños les calmará tener un peluche “protector”. A otros puede que les ayude que les leas historias de monstruos amigables y nada terroríficos, para que se calme su miedo a ellos. Incluso puedes inventar con tu hijo un conjuro o canción que haga que ningún monstruo vaya a su cuarto. El truco está en buscar algún remedio que pueda ayudar a tu hijo en esos años en los que su imaginación lo es todo. Además de esto, prueba a poner una pequeña lamparita de noche, con una luz suficientemente tenue para dormir pero que ilumine un poco su cuarto.