Aunque te parezcan sosos o insípidos sus purés, no les añadas sal. Durante su primer año de vida, algunos de sus órganos todavía están inmaduros y no debemos forzarlos. A esta edad, el consumo de ingredientes como la sal y el azúcar puede convertirse en un hábito adquirido que no les beneficiará en nada. A partir del año, se pueden tomar, pero siempre en su justa medida.

Durante su primer año de vida, empiezas a introducir en la dieta de tu hijo todo tipo de alimentos: cereales, verduras, frutas, carnes, pescados... Pero, ¿cómo se las debes preparar? Según los especialistas, durante los primeros 12 meses de vida, el bebé no debe tomar sal añadida en ninguna de sus comidas pues con la que ya llevan incorporada los alimentos en su composición le resulta suficiente. A esa edad, todavía se encuentran en  proceso de maduración algunos de sus órganos internos. Eso significa que aún no realizan todas sus funciones adecuadamente, ya que estas se irán perfeccionando con el paso del tiempo, como es el caso del riñón, por lo que no conviene forzarlos.

El riñón es uno de esos órganos clave, por lo que conviene vigilar las cantidades de sal que contiene la comida que le preparas. Tan pequeño, sus riñones son incapaces de eliminar una cantidad demasiado elevada de sodio que puedan ingerir. Por ello, los purés, papillas, compotas... que le hagas deben ser lo más naturales posibles, sin conservantes ni sal añadida. Y aunque a ti te puedan parecer insípidos, para él son una delicia porque todavía no tiene desarrolladas por completo las papilas gustativas, se van formando durante estos meses, y por tanto no aprecia el sabor propio de los alimentos al igual que nosotros.

El contenido de sodio que tienen los alimentos, por sí mismos, es más que suficiente para cubrir los requerimientos de este mineral durante su primer año de vida. A partir de aquí, la sal añadida estará presente en su dieta a través de los diferente alimentos que ya ingiere (cereales, pan, comida preparada...). Para evitar problemas a futuro, lo mejor es incorporarla poco a poco y en la cantidad justa, que varía según la edad. Así, para menores de tres años no debe superar los 2 gramos al día; entre los 4 y los 6 años, 3 gramos, y entre los 7 y los 10, 4 gramos.