Comer en familia y sin el televisor de fondo es importante para que los niños adquieran unos buenos hábitos alimenticios, ayuda a prevenir la obesidad, favorece la comunicación entre padres e hijos y es esencial para que los más pequeños ganen autoestima y seguridad en sí mismos. ¡Todo son ventajas!

Los estudios dicen que comer todos juntos en torno a una misma mesa aporta al niño numerosos beneficios de índole nutricional: se alimentará mejor, tomará más frutas y verduras, más cantidad de vitaminas, minerales y fibras y aprenderá a masticar mejor.

Gran parte de esos beneficios desaparecen cuando la televisión está encendida: si tu hijo está pendiente de la pantalla no presta atención a lo que come, no saborea los alimentos, y es complicado que entienda que hay que comerse la verdura que acompaña a la carne aunque le guste menos. También mastica peor y, al no alimentarse de forma consciente, se inhibe la sensación de saciedad y no se da cuenta de la cantidad que está comiendo. Para los niños que son lentos comiendo, la distracción de la tele prolonga aún más el tiempo de la comida y, además, pueden ver anuncios de golosinas, bollería o refrescos que influyen negativamente en sus costumbres alimentarias.

Pero a la hora de apagar la tele hay también otras razones: • Se favorece la comunicación en el seno familiar: los niños que comen con sus padres tienen una autoestima más alta y mayores habilidades de expresión. • Compartir este ratito de charla les transmite la sensación de formar parte de una familia que les quiere, lo que les proporciona confianza y seguridad. • El desarrollo de hábitos alimenticios facilita la posterior adquisición de otros como el estudio. Masticar y tragar sólidos son ejercicios básicos para la tonificación de los músculos implicados en el habla, por lo que favorece la expresión oral. • Apagar la tele mientras coméis es clave para que el niño establezca una buena relación con la comida desde que es un bebé. Por eso tampoco debes utilizar el televisor como premio si el pequeño come o como castigo si no quiere terminarse el plato.