Es muy normal que, a partir de los dos años, los niños se sientan más autónomos y se muestren desobedientes a la hora de seguir las normas de sus padres. Esto provoca que se desencadenan conflictos entre padres e hijos que hay que evitar, sobre todo que se conviertan en hábito.

Hay niños que no obedecen por sistema. No hacen caso a sus padres, cuestionan sus reglas y siempre hacen lo que ellos quieren en el momento que creen oportuno. El problema también radica en que esta actitud se produce a diario y altera la armonía de la familia.

 

Causas

La causa principal es la forma en la que educamos al niño. Habitualmente, la desobediencia está provocada por educaciones autoritarias, negligentes o condescendientes.

  • Padres autoritarios. Son los padres que imponen castigos constantes a sus hijos. Puede que los niños terminen obedeciendo para evitar los castigos, pero no comprenderán las razones. Lo más probable es que se conviertan en inseguros, resentidos y que tengan baja autoestima. Lo más importante es razonar con ellos sobre porqué su comportamiento no es el adecuado.
  • Padres negligentes. Se produce cuando los padres no se preocupan por la educación de sus hijos. Como consecuencia, el niño entiende que puede hacer lo que quiere porque nadie le hace caso.
  • Padres condescendientes. Son los padres permisivos, los que no ponen normas. Esta actitud desencadena a que los niños se encuentren en un hogar sin límites, pero les crea inseguridad porque no saben cómo comportarse.

La autoafirmación tiene su origen a partir de los dos años, cuando el pequeño inicia su independencia y desarrollo de la personalidad. Es común que desafíe tus reglas porque piensa que al ser independiente también puede imponer sus reglas. Esta etapa es complicada, pero no os preocupéis, es totalmente pasajera. Debes dejar claras tus normas e impedirle que traspase los límites.

Por otro lado, los celos pueden ser otro indicativo. Con el nacimiento de un nuevo hermano los niños suelen presentar una mala actitud para reclamar la atención de sus padres. Para que no se comporte así, encuentra momentos para estar a solas con él.

Igualmente, es necesario saber que para conseguir que te obedezca hay que premiar sus actitudes correctas y no prestarle atención ante conductas disruptivas que deben desaparecer.

Por último, los problemas que tenga en el colegio, con compañeros, amigos y familia pueden inducir a que el niño se porte mal y desobedezca. Para evitarlo, intenta averiguar qué le ocurre y busca la solución al problema.

 

 

Fuente:

- Carrobles, José Antonio; Pérez-Pareja, José (2008), Escuela de padres. Guía práctica para evitar problemas de conducta y mejorar el desarrollo infantil, Madrid, Ed, Pirámide.