La carne es una fuente inagotable de proteínas, minerales y vitaminas indispensables para el desarrollo de nuestros hijos. Blanca o roja, su introducción en la dieta de los peques no siempre es bien recibida por estos. No te desanimes y ficha nuestros consejos para que disfruten de los beneficios de este alimento tan completo. La carne es un alimento imprescindible en la dieta de los más pequeños por su alto contenido en proteínas, vitaminas del grupo B y minerales como hierro, zinc o potasio. Las carnes blancas (pollo, paco, conejo) son las más saludables por su alto aporte proteínico y su bajo nivel de calorías y grasas saturadas, que las hace más fáciles de digerir. Como su textura y sabor son más suaves, al niño no se le 'hace bola' y le resultan más apetecibles. Por su parte, las carnes rojas (vaca, buey, perdiz, vísceras, caballo...) son  más jugosas; tienen un mayor contenido en hierro y son las únicas que aportan zinc. Pero también contienen más grasas saturadas y colesterol, sobre todo, las vísceras. Por eso su consumo ha de ser moderado. Consulta al pediatra para saber cuándo y qué tipo de carne puedes dar a tu hijo. Lo más probable es que sea entre los 6 y los 8 meses, en raciones de 20 a 40 gramos, hasta que cumpla el año. A partir de los 18 meses, lo ideal son raciones de 50 gramos, tomadas en días alternos con el pescado. ¿Problemas de masticación o simple rechazo? Ármate de paciencia y sigue estos consejos:

  • Deja la carne en remojo en leche un par de horas antes de prepararla.
  • Para que quede blandita, si la haces a la parrilla pon unas gotas de aceite y no la pases demasiado; en el microondas, mete dentro de éste un vaso lleno de agua para que no se reseque; si la cueces, no lo hagas en exceso, pues quedará dura y perderá nutrientes; si la salas (nunca en su primer año), hazlo después de cocinarla, no mientras.
  • Si a pesar de todo sigue rechazándola, ofrécesela camuflada en tortilla, pizza, crema con picatostes...