El baño es un importante cuidado cutáneo del bebé, pero si no se tiene en cuenta factores como su frecuencia, duración, temperatura o productos empleados, puede suponer una agresión para la delicada piel infantil.

La piel del bebé es especialmente delicada; aún no tiene bacterias saprofitas (generadas por el propio organismo) que creen una barrera protectora y carece del manto ácido que protege del medio externo. Por esto, su cuidado debe ser especialmente delicado.

En este sentido, el baño del bebé es una rutina con muchas implicaciones en la salud cutánea y general del bebé. ¿Qué debes tener en cuenta? En primer lugar, la frecuencia de estos baños no tiene por qué ser diaria, al menos hasta que empiezan a ser más activos, como cuando empiezan a gatear. Como señalan desde la Academia Americana de Pediatría, en los recién nacidos es necesario asegurarse de que la zona del pañal está limpia e hidratada, igual que las zonas de pliegues y las secreciones bucales. Pero el resto del cuerpo no necesita ser lavado a diario.

Y en bebés con dermatitis atópica, especialmente y salvo que sea necesario, no es recomendable una frecuencia que supere los 2-3 baños semanales, como indican desde la Asociación Española de Pediatría.

¿Cómo debe ser el baño?

Los bebés nacen con un pH neutro, mientras que el pH normal de la piel es ácido, como forma de protección frente a la entrada de bacterias nocivas. Esta ausencia de manto ácido hace que las irritaciones e infecciones sean más probables. Por eso, es importante emplear jabones neutros o levemente ácidos y no perfumados. Además, estos deben ser aplicados en pequeñas cantidades y con una esponja suave.

El abuso de jabón y de frecuencia o duración de los baños puede favorecer la aparición de sequedad de la piel. Por eso conviene optar por baños breves, de unos 5-10 minutos y con agua templada, a unos 25 ºC.

 

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