En los primeros años de vida los niños duermen dos o tres siestas diarias, dependiendo de la edad que tengan. Estas siestas no solo son necesarias para el pequeño, sino que también son muy beneficiosas para su maduración y desarrollo.

Hasta el año de edad, más o menos, aunque depende de cada niño, es habitual que los bebés duerman una siesta por la mañana y otra, o incluso otras dos, por la tarde. A partir de este momento necesitan dormir menos horas por el día y gradualmente van dejando la siesta de la mañana y la segunda siesta vespertina.

No obstante, es muy conveniente que hasta los 5 años, siempre que sea posible, duerma después de comer ya que esta siesta es muy beneficiosa para los niños (incluso lo sería para los adultos si fuera posible compaginarla con el horario laboral).

  • Favorece el aprendizaje y el almacenamiento de nuevos datos.
  • Permite reponer fuerzas para no llegar totalmente agotados a la cena.
  • Reduce la ansiedad.
  • Fomenta el desarrollo físico y mental.
  • Ayuda a reducir los terrores nocturnos y a dormir mejor por la noche.
  • Además, los niños que duermen poco están más nerviosos, irritables, etc.

Eso sí, la siesta no debe durar más de dos horas y debe ser después de comer para que no se junte con la noche (más o menos entre las 14 y las 16 horas). Entre la siesta y el sueño nocturno deben pasar al menos 4 horas.

¿Y si no quiere dormir?

La mayoría de los niños, después de comer, notan sueño y están encantados de echarse una siesta, que será más o menos larga según lo dormilón que sea el pequeño y lo que duerma por la noche. Sin embargo, algunos niños se resisten a dormir la siesta, incluso aunque tengan sueño.

Para conseguir que duerma se pueden seguir una serie de consejos, como seguir una rutina todos los días a mediodía, acostumbrarle a acostarse en la cuna o la cama aunque no tenga sueño, leerle un cuento… No debes dejar la habitación totalmente a oscuras ya que no es bueno que confunda el día y la noche.