Fomentar la autonomía e independencia de los niños desde que son pequeños es fundamental para que de mayores sean adultos con capacidad de decisión, autoestima y respeto hacia los demás.

El desarrollo de la autonomía de los niños es fundamental para que sepan realizar por sí mismos tareas propias de su edad, si no saben resolver cuestiones cotidianas sin la ayuda de los padres, requieren ayuda continuada y apenas tienen iniciativa, estaremos ante un fenómeno de dependencia que puede tener sus repercusiones en la edad adulta.

Fomentar la independencia de los niños desde una edad temprana ayudará a su autoestima, su sentido de la responsabilidad y a definir su propia identidad. Un exceso de protección durante la infancia y la niñez fomentará que de adultos sean personas inseguras, sin capacidad de decisión y con baja autoestima. El problema es que muchas veces los padres se adelantan a las acciones de los niños impidiendo que las hagan ellos mismos por falta de tiempo, de confianza o por un superprotección. Esto es lo que se debe evitar pues los niños aprenden a ser autónomos e independientes a través de las actividades rutinarias de su vida cotidiana.

Cuando los pequeños empiezan a intentar vestirse ellos solo, quieren comer sin ayuda o toman algún otro tipo de decisión será el momento de cambiar la actitud de los padres que deberán empezar a respetar esos primeros síntomas de madurez. Los niños sobreprotegidos no saben jugar en equipo, no respetan las reglas y tienden a protestar de manera continuada así que desde que son pequeños se le debe exigir las mismas reglas que a los adultos pero adaptadas a su edad y nivel de comprensión.

¿Qué hábitos se deben inculcar?

  •  A partir de los 2 años o 2 años y medio se debe empezar a enseñar a los niños a realizar por sí mismos ciertos hábitos acordes a su edad: comer solos utilizando los cubiertos, dejar el pañal, caminar sin ayuda y pedir lo que necesiten llamándolo por su nombre.
  • Entre los 3 y los 5 años se les debe permitir vestirse solos, ponerse los zapatos y enseñarles a atarse los cordones. El lenguaje está muy desarrollado en esta edad así que se debe fomentar que expresen lo que quieren sin necesidad de rabietas. Es el momento de que recojan solos su habitación y su plato después de comer, además de inculcar los primeros hábitos de limpieza. También es importante establecer unas rutinas que deben aprender y seguir ellos solos: lavarse las manos antes de comer, acostarse a la hora indicada, recoger después de jugar, etc.
  • Pasados los 5 años se ampliarán las tareas y decisiones que deben tomar ellos solitos: preguntarles qué quieren comer (entre ciertas opciones sanas y equilibradas), qué actividades de ocio prefieren, quiénes son sus amigos o qué película prefieren ver en la TV.
  • Si el niño se niega a realizar nuevas actividades habrá que observar si el reto es demasiado alto para su edad, si es así habrá que adaptarlo a su etapa pero si no, lo mejor es ignorar sus quejas y que asuma las consecuencias de sus actos: si no quiere recoger los muñecos, mañana no jugará, por ejemplo.

La autonomía no es innata sino que es un proceso de aprendizaje en el que los padres deberán respetar las capacidades del niño, su ritmo de desarrollo y abandonar el exceso de protección: los niños de pequeños se caen, se equivocan, se ponen malos y se enfadan pero el propósito no es evitar esto sino que sepan desenvolverse en cada una de estas situaciones.