Pocos niños se divierten haciendo los deberes pero es una obligación más con la que deben cumplir. La tarea de los padres será orientarles y proporcionarles un lugar confortable para que realicen las tareas de la manera más positiva posible

A casi ningún niño le gusta hacer los deberes pero es una obligación con la que deben cumplir para sacar adelante el curso escolar y consolidar las lecciones aprendidas en el cole. Es importante que desde pequeños establezcan una rutina de tareas para que poco a poco vayan cogiendo el hábito y se hagan más responsables de cara a los siguientes cursos. Una buena etapa para empezar con este plan es entre los 3 y 5 años.

No es necesario cargarles con un volumen excesivo de trabajo ni que estén horas sentados en el escritorio. Las tareas deben ir en función de su edad y de las actividades que hagan en las clases. Al principio no deberían exceder de los 10 o 20 minutos.

Los primeros cursos aún están aprendiendo a leer y a escribir así que desde casa esto es lo que se debe reforzar: podéis repasar algunas letras o números, hacer dibujos o leer algún cuento sencillo. Algunas veces es el propio centro el que manda los deberes así que lo único que tendrás que hacer es motivarle para que se ponga a ello.   

Si son dos o más hermanos lo mejor es que hagan las tareas a la vez y en lugares separados, así se evitarán distracciones.

Lo más importante es que aprenda a hacer los deberes y que asuma esta rutina como una responsabilidad más con la que debe cumplir antes de jugar o ver sus dibujos favoritos. Hay que hacer hincapié en que no se frustre y considere el momento como una pesadilla; es importante que se lo tome como un hábito positivo aunque no le guste.

¿Cómo le ayudamos con los deberes?

Lo primero es elegir el momento. El horario debe ser el mismo cada día para que el niño lo empiece a asumir como un hábito fijo que no debe saltarse. Puede que el momento más recomendable sea después de la merienda y antes de jugar, ir al parque o ver los dibujos.

El lugar también debería ser siempre el mismo. Una mesa despejada con buena iluminación y las cosas que necesite a su alcance. Las distracciones deben evitarse como la tele o los videojuegos. Regálale un estuche bonito o lápices que le gusten así se sentirá más motivado.

Las tareas las debe hacer él solito mientras tú haces cualquier otra cosa. Si tiene dudas o te pide ayuda no dudes en acudir pero solo para orientarle o explicarle algo, los deberes debe terminarlos él.

Hay que hacer hincapié en lo positivo para que no se frustre o desmotive con los errores. Si hay algo que siempre le sale mal o algún número o letra que le cueste recordar, seguiremos insistiendo de manera positiva hasta que consiga aprenderlo.

Es importante premiarle por el esfuerzo semanal con una tarde en el cine o haciendo lo que más le guste. Sabrá reconocer que el esfuerzo conlleva recompensas y mantendrá el interés por seguir aprendiendo cada día un poquito más.