Esta prueba, que se realiza en el cuarto mes de embarazo, consiste en tomar una pequeña muestra del líquido amniótico que envuelve al bebé para establecer si existe alguna irregularidad en sus cromosomas o genes.

 

La amniocentesis es un procedimiento bastante común para determinar alguna posible condición genética o cromosómica en el bebé. Al tomar una muestra del líquido amniótico en el que flota el bebé y que contiene gran cantidad de células fetales, da como resultado un análisis detallado de los cromosomas del bebé que permite determinar con seguridad si hay algún tipo de anomalía.


Se realiza entre las semanas 16 y 22 de embarazo. Tumbada en una camilla, y con la guía de un ultrasonido, se realiza una punción en el abdomen para llegar dentro de la cavidad uterina donde está el saco amniótico que envuelve junto con la placenta al bebé. Durante unos 30 segundos, se recogen con la aguja 20-25 mililitros de líquido. Se puede optar por recibir anestesia local en la zona para evitar posibles molestias. Los resultados suelen estar en un par de semanas.


Al tratarse de una prueba invasiva, en general optan por ella mujeres que presentan algún tipo de riesgo de irregularidades genéticas o cromosómicas. Aunque muy bajo, existe el riesgo de aborto espontáneo o de infección. Usando un ultrasonido para ver el interior de la tripa, es muy raro que se dañe con la aguja al bebé.


Para evitar complicaciones, después de la prueba hay que estar en reposo durante el resto del día. Tampoco conviene viajar en un margen de unos días o tener relaciones en una semana. En ocasiones pueden aparecer calambres, pero, a no ser que sean especialmente fuertes, no conllevan peligro.