El ejercicio físico es beneficioso a cualquier edad pero en la etapa infantil adquiere una especial relevancia pues contribuye al desarrollo tanto físico como emocional del niño. Además, ayuda a evitar situaciones sedentarias bastante frecuentes en nuestro entorno y por ende, la aparición de obesidad y sobrepeso. Al mismo tiempo fomenta aspectos como la sociabilidad, colaboración, respecto y compañerismo, sobre todo si se realizan actividades en equipo.

En estas etapas, en las que el niño hace mucho ejercicio físico y también existe un pico de crecimiento, cuando debemos prestar más atención a la alimentación de nuestros hijos, más si realizan deporte ya que se encuentran todavía en crecimiento y desarrollo. Por ello, no debemos olvidar establecer hábitos alimentarios saludables desde un principio y enseñarles a comer correctamente y de todo. Recordemos que las preferencias y aversiones por ciertos alimentos se instauran ya a partir de los 2 años.

La alimentación del niño deportista específicamente depende del tipo de actividades que realice, de su frecuencia e intensidad así como de las características físicas o particularidades de su cuerpo y anatomía.

Lo más importante es que el niño siga una dieta equilibrada y completa, que incluya todos los macro y micronutrientes, pues cada uno de ellos posee una función específica dentro de la nutrición del organismo bien sea energética, plástica o reguladora.

El reparto energético de los macro y micronutrientes si se realiza una dieta equilibrada para un niño deportista debe ser:

  • 50-60 % de hidratos de carbono
  • 25- 30 % de grasas
  • 15-20 % de proteínas

Por otra parte, debemos considerar que estos niños “queman más energía” por lo que necesitan un aporte extra de calorías. Por este motivo, es importante que el aporte extra de energía provenga de los hidratos de carbono, y si son complejos, mejor.

Asimismo, no deben saltarse ninguna comida, realizando cinco comidas al día siguiendo el reparto calórico recomendado en una dieta equilibrada (ver cuadro) y comer con horarios regulares para mantener una glucemia (nivel de glucosa en sangre) constante.

Es esencial mantener una buena hidratación por lo que el aporte de líquidos debe ser constante y no esperar a sentir la sensación de sed.