Hay lactantes que por sus antecedentes familiares (padre, madre o hermanos) son susceptibles de padecer alguna alergia alimentaria. En muchos de estos casos, se pretende prevenir el desarrollo de la alergia dándoles, a lo largo de su primer año de vida, una alimentación pobre en aquellos alimentos frente a los que pueden reaccionar.

Especialmente en estas situaciones, durante los primeros 6 meses de vida de un bebé se recomienda mantener la lactancia materna exclusiva. En ocasiones incluso se llega a aconsejar a la madre lactante una dieta hipoalergénica en la que se limite el consumo de los alimentos a los que el bebé pueda ser alérgico, ya que algunas de ellas pueden pasar al niño a través de la leche materna.

Las alergias más comunes en la primera infancia son a la leche de vaca, al huevo o al pescado.

En las ocasiones en las que son precisas estas dietas hipoalergénicas, se recomienda una alimentación si puede ser exenta de proteínas de leche (en ocasiones también hay que eliminar la carne de ternera), huevo y pescado. En el menú diario se incluirán pan, leche de soja u otras leches vegetales, fruta, legumbres, pasta, verduras, pollo, cordero... Se recomienda no consumir tampoco frutos secos, mantequilla ni manteca.

Cuanto más tiempo se extienda la lactancia materna exclusiva y más tarde se introduzcan ciertos alimentos, menos posibilidades habrá de que el bebé desarrolle alergias alimentarias.

A partir de los 6 meses, siguiendo siempre las recomendaciones del pediatra, se irá introduciendo gradualmente la alimentación complementaria, aunque en este caso, evitando hasta los 12 meses aquellos alimentos frente a los que existe el riesgo de que se desarrolle una reacción alérgica.

Los alimentos a evitar son los cereales con gluten, la leche de vaca, el huevo y el pescado, así como sus derivados o alimentos que contengan trazas de alguno de ellos.

Sí se le pueden dar al bebé, a la edad adecuada para su introducción, frutas, verduras, carne de pollo, de pavo o de cordero, cereales sin gluten, etc.

En estas circunstancias, es muy importante seguir en todo momento las recomendaciones del pediatra. Él será quien indique en qué momento pueden empezar a darse los alimentos considerados de riesgo y controlará si el bebé reacciona ante alguno de ellos o no.