Algunas personas pueden ser alérgicas a ciertos componentes de algunas vacunas, por lo que es posible que no puedan inmunizarse contras las enfermedades de las que protegen esas vacunas, aunque es algo bastante raro e inusual. Eso sí, no hay que confundir alergia con reacción.

Tras inocular en un niño una vacuna es muy habitual que sufra una leve reacción. Esta depende la vacuna y del niño; hay muchos que no notan nada y otros estarán más molestos y pueden tener febrícula, hinchazón en la zona, dolor local, náuseas y vómitos si es una vacuna oral, etc. Efectos poco importantes que apenas duran unas horas.

Sin embargo, la alergia se produce cuando el organismo entra en contacto con un compuesto que reconoce como alérgeno (algo que le resulta extraño y que tiene que destruir), dando lugar a una reacción cuyos síntomas principales son urticaria, náuseas, inflamación de los labios, lengua o garganta, ojos enrojecidos, etc.

Las vacunas están compuestas por 4 tipos de elementos: el componente activo (el responsable de la respuesta inmunitaria), el líquido en suspensión que posibilita la administración, las sustancias conservantes y las adyuvantes, que aumentan la respuesta del individuo al componente activo.

En general, las personas alérgicas a una vacuna no lo son al componente activo, sino a alguno de los otros 3 elementos que la forman. Los más comunes son:

- Huevo: presente en la vacuna de la gripe y la de la fiebre amarilla. También hay trazas en la triple vírica pero se ha observado que en la mayor parte de alergicos no provoca reacción alérgica debido a su bajo contenido en huevo, aunque si tu hijo es alérgico a este alimento no está de más tener cuidado.

- Levadura: hepatitis B.

- Gelatina: triple vírica.

- Neomicina o polimixina B: triple vírica, gripe y poliomielitis.

- Estreptomicina: poliomielitis activada.

Las reacciones alérgicas a las vacunas son muy raras. Así lo confirman expertos que forman parte de la Asociación Española de Vacunología (AEV), quienes comentan que se debe hacer en estos casos: “en el caso de sospecha de alergia a una vacuna o a un componente incluido en ella, se contraindica la vacunación y si no hay alternativa con un producto diferente, no debe administrarse. En cualquier caso si hubiera sospecha, deberán realizarse los estudios de alergia correspondientes, para determinar el alérgeno causante”.

Al realizar los test de alergia se puede saber exactamente si el niño va a reaccionar ante la vacuna que contiene el componente y, si no es así, dársela. Siempre que se pueda, hay que vacunar ya que las vacunas salvan vidas.