Un embarazo es una nueva situación repleta de cambios. Y los cambios, para las personas, son sinónimo de incertidumbre. A todo ello, se suma la acción de las hormonas, con grandes fluctuaciones y altibajos, que, en determinados momentos, pueden cambiar radicalmente el estado de ánimo. ¿La mejor receta? Grandes dosis de cariño, paciencia y optimismo.









